“Mi Mochila” Un real aprendizaje del Camino de Santiago

“Mi Mochila” Un real aprendizaje del Camino de Santiago

Mi mochila  fue una de las cosas que más vueltas le pude dar para comprarle, entre capacidad, calidad, precio y confort me la vi difícil, pero al final conseguí la ideal. Pensé que eso era complicado y resultó sólo un abreboca a lo que me estaba por venir.

La compré, me llegó y decidí hacer un viaje por Sur América y de allí al Norte de Europa con ella, hasta aquí todo va bien, pero una cosa es viajar con una mochila, otra utilizar una mochila de equipaje y la que me tocaba “Mi vida en una mochila”.

Busqué múltiples ideas para armar mi mochila del Camino, el algo curioso, pero ya sea el tramo más corto o el más extenso, llevas lo mismo. En un video de Youtube me quedó una frase, que fue la constante en mi armado “quita de la mochila todos los por si acasoy así con dos mudas de ropa, un sombrero, una chaqueta, un saco de dormir, un polar, unos bastones, una linterna, tres mudas de ropa interior, dos pares de medias, útiles de aseo, unas sandalias, una toalla ya tenía para andar un mes. Y viene la pregunta ¿Qué hago con el resto de mi armario?

La mochila no me molesto

La mochila nunca me incomodó, era mi compañera de camino, mi almohada, mi estructura de soporte para descansar, mi armario, mi tendedero…”mi todo”.  Wow, eso no lo decía el manual.  Adicional a estos usos, era mi identidad, uno debe dejar la mochila en las afueras de los bares, y de repente entraban peregrinos que me decían, sabía que estabas aquí y entré, tu mochila te delató, deben hacer buen café o buen jugo. Así llevaba mi rol de guía (que lo disfruté mucho) con mis compañeros coreanos, japoneses y alemanes.

Mi mochila es mágica decía yo, se portó de maravilla por más de 900 km a mis espaldas, hasta que llegué a Santiago. Me la quité y salí a conocer la ciudad, en una calle empinada noté que llevaba mucha velocidad, pero me sentía vacío, solo. Me paré y por costumbre fui a ajustarme la mochila y entendí, ya no estaba. Múltiples cosas pasaron por la cabeza, me puse a reflexionar.

Todo lo que necesito lo tenía en mis espaldas, solo debía cuidarlo.

“Nos apegamos a tantas cosas que no son necesarias para vivir, cuando realmente necesitamos tan poco.

 

Esto me llegó y me dejó una gran lección, llegué a mi casa y mi armario es una tercera parte de lo que era. Y así lo hice con muchas cosas personales. Parece una tontería, pero como ésta, pasaron múltiples reflexiones de esas que generan verdaderos cambios. En esto no está involucrada la fé o el peregrinar decía yo… je je je

El resto de las historias siguen en proceso de construcción.

El camino te da tiempo para todo, sobre todo para reflexionar.

Toma una pausa y piensa en el mensaje que él te quiere dar.

“El camino es tu vida, es tu día a día”

Aqui estoy, con mi mochila, en otra aventura, esta vez en El Tepuy Roraima en Venezuela.

 

 

 

Deja una respuesta