“Mucho gusto, qué bueno es conocerme”.

Leonidas Guijarro/ octubre 20, 2017/ ANTES DEL CAMINO

Descubrirte, reconocer tus límites, reencontrarte con tu propio ser, es algo que sin duda atesorarás s al terminar la travesía. “Mucho gusto, qué bueno es conocerme”. Asi me toco decírmelo y espero que consigas lo mismo en el Camino.

Aprender a escucharte

Si alguien me dijera que le explicara lo que más aprendí en el Camino le diría justo eso, aprendí a conocerme. Descubrí límites que no sabía que existían en mí, otros que aparentemente dominaba, terminé asimilándolos de nuevo, y lo más enriquecedor de todo, comencé a escuchar mi cuerpo.

Nuevos límites 

La distancia que se recorre fue mi primer aprendizaje. Que rápido se avanzan unos 500mts en automóvil, mientras que a pie son 30 minutos aproximadamente. Jamás imaginé que pudiese caminar 25km en un día; menos con una mochila a cuestas de 10 kilos a mi espalda. Ahora mi promedio caminando está sobre los 35km diarios, logrando hacer eventualmente 45km, me gusta de vez en vez detenerme para tomar fotos, ver paisajes y hacer mi parada de descanso.

Tiempo para descansar

Hablando de parada de descanso, llegamos a un punto genial, yo lo llamo la disciplina del camino, no es una estructura estricta, pero más o menos la puedo simplificar así:

Cada 6km me detengo a descansar 10 min. Me quito el calzado y las medias, hidrato los pies con vaselina en las paradas pares*, en cada parada me tomo ½ litro de agua y en las paradas impares* me pongo protector solar.  

He tenido la suerte de que en 115 días haciendo el Camino, sólo me ha llovido en 10 y la humedad es el peor amigo de los pies y del calzado.

Todo esto salió espontáneamente, mi cuerpo lo pedía, yo sólo aprendí a escucharlo, me di cuenta que muchas veces en el pasado lo había hecho y no le presté la debida atención.

Saber escuchar 

Un amigo me recomendó que al llegar a destino tomara unos minutos para relajarme y decirle a mi cuerpo que ya la jornada había terminado, al principio pensé que estaba loco, hasta que por curiosidad lo comencé hacer y al día de hoy repito esa misma rutina antes de ir a dormir. Ya es religión a mi llegada a cada destino en el Camino, me acuesto sobre el piso, me relajo, medito un poco y esos 10 minutos me hacen recuperar energía. A eso, después, le agregué algunos ejercicios de estiramiento simples al levantarme, en cada parada del camino, y antes de dormir.

Complementado

La mochila pasó a ser parte de mi cuerpo y a pesar de que ella tenía unos 4 kilos de sobrepeso jamás me dio algún tipo de molestia, es impresionante el poder de la mente, para mí la mochila nunca fue un problema, nunca la vi como algo incómodo, todo lo contrario, la cuidaba, la mantenía seca y limpia. Esos prejuicios que sin darnos cuenta tenemos y, que tanto daño nos hacen.

Lo más importante que me ocurrió en el camino fue la manera en cómo pude aliviar un problema de salud que tenía, de la manera más sencilla, caminando y sonriendo.

Sonrisa que recuperé en el camino, me dio mucho gusto el conocerme.

 

*En un día promedio consta de 4 paradas en ruta, hidratar el cuerpo y pies es imprescindible.

 

 

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