En 2027 ocurrirá algo excepcional en el Camino de Santiago. Roncesvalles conmemorará 900 años desde el inicio, en 1127, de una institución creada para acoger y proteger a los peregrinos que atravesaban los Pirineos camino de Compostela. Ese mismo año, Santiago de Compostela celebrará un nuevo Año Santo Compostelano.
Son dos acontecimientos separados por cientos de kilómetros, pero unidos desde hace siglos por el Camino de Santiago y, más específicamente, por el Camino Francés, en la actualidad la ruta más popular hacia Santiago de Compostela.
Pero para comprender realmente lo que significa esta coincidencia hay que hacerse una primera pregunta: ¿qué ocurrió en Roncesvalles hace 900 años?
¿Qué ocurrió en Roncesvalles hace 900 años?
No estamos celebrando los 900 años de una iglesia, tampoco los 900 años del Camino Francés y ni siquiera podemos decir que la acogida de peregrinos en estas montañas comenzara exactamente en 1127.
Lo que comenzó entonces fue algo mucho más interesante.
En 1127, el obispo de Pamplona Sancho de Larrosa impulsó la creación de una comunidad de clérigos y laicos destinada a atender a los peregrinos que atravesaban los Pirineos camino de Santiago. Aquella iniciativa acabaría convirtiendo Roncesvalles en uno de los grandes centros históricos de acogida del Camino de Santiago.
Cuando hablamos de los 900 años de Roncesvalles, por tanto, no estamos celebrando simplemente la construcción de una iglesia. Estamos hablando de una institución creada para recibir, proteger y atender a quienes atravesaban los Pirineos camino de Compostela.
Y cuando comprendes dónde ocurrió y la dimensión que llegó a alcanzar, la historia cambia por completo. Porque antes de convertirse en patrimonio, Roncesvalles fue refugio.
La historia de Roncesvalles había comenzado antes de 1127
Para entender Roncesvalles tenemos que subir primero hasta Ibañeta.
Mucho antes de 1127, este paso de los Pirineos ya era utilizado por viajeros. La arqueología y las fuentes históricas muestran que se trataba de un corredor utilizado desde época romana y que, cuando comenzó a crecer la peregrinación hacia Compostela, aquel viejo paso adquirió una nueva importancia.
Desde el siglo XI existía en lo alto de Ibañeta un pequeño monasterio-hospital dedicado a San Salvador, vinculado al monasterio de Leire, que ofrecía asistencia a quienes atravesaban aquellas montañas.
Aquí aparece un nombre que encontrarás muchas veces cuando recorres antiguos caminos de peregrinación: San Salvador. No estamos hablando de un santo llamado Salvador, sino de una antigua advocación de Jesucristo como Salvador del mundo. Por eso encontramos este nombre en diferentes lugares del Camino y también en la Catedral de San Salvador de Oviedo.
Pero volvamos a los Pirineos, porque una cosa es mirar hoy Ibañeta desde una carretera, con un teléfono en el bolsillo, previsión meteorológica y posibilidad de pedir ayuda, y otra muy diferente era atravesarlo hace nueve siglos.

¿Por qué hacía falta un lugar como Roncesvalles?
Intenta imaginar lo que significaba atravesar los Pirineos hace nueve siglos: enfrentarse a la montaña, al frío, la nieve o la niebla, por caminos difíciles y sin comunicaciones modernas, sin mapas digitales y sin posibilidad de saber con precisión qué encontrarías al otro lado.
Incluso el bordón del peregrino tenía una utilidad mucho menos romántica de la que hoy imaginamos. Los textos medievales hablan de él también como elemento de defensa frente a perros y lobos. Atravesar aquellas montañas podía convertirse en un verdadero problema.
Al mismo tiempo, la peregrinación hacia Compostela estaba creciendo y quienes realizaban aquel viaje necesitaban algo muy básico: que alguien los recibiera.
Ahí aparece una de las palabras más importantes para comprender toda la historia de Roncesvalles: acogida.
No se trataba simplemente de señalar por dónde continuaba el Camino. Había que ofrecer refugio, alimentar, atender al enfermo, proteger, proporcionar asistencia espiritual y, en algunos casos, hacerse cargo incluso de quien moría durante el viaje.
Eso permite comprender mejor lo extraordinario de lo que empezó a desarrollarse en estas montañas.

De Ibañeta al Roncesvalles que conocemos hoy
En 1127 comenzó el proceso fundacional del nuevo hospital. Pocos años después, hacia 1132, aquella institución fue trasladada al emplazamiento actual de Roncesvalles, un lugar menos expuesto a las durísimas condiciones del alto de Ibañeta.
Lo que inicialmente había sido una institución de acogida fue creciendo gracias al apoyo de monarcas, obispos, nobles y también de peregrinos. Roncesvalles recibió propiedades, recursos y privilegios destinados a sostener una estructura que debía atender a quienes continuaban llegando a través de los Pirineos.
Durante la segunda mitad del siglo XII se desarrolló La Caritat, el gran hospital de Roncesvalles, y con el tiempo el conjunto llegó a disponer de diferentes espacios para la asistencia, la vida religiosa y el funcionamiento de una institución de enormes dimensiones para el lugar y la época en que se encontraba.
Cuando hoy llegamos a Roncesvalles y vemos todo lo que existe allí, es fácil contemplarlo simplemente como patrimonio histórico. Lo verdaderamente sorprendente es preguntarse por qué se desarrolló semejante estructura precisamente allí, en medio de los Pirineos.
La respuesta está, en buena medida, caminando.
Cuando leas «hospital», no pienses en un hospital actual
En el mundo medieval, la idea de hospital estaba profundamente relacionada con la hospitalidad. Era un lugar donde el viajero podía encontrar refugio, alimento, descanso y asistencia.
Eso cambia completamente la forma de mirar Roncesvalles. Ya no estás observando simplemente un conjunto de edificios antiguos. Estás viendo el resultado de una enorme estructura creada y sostenida durante siglos alrededor de una necesidad muy concreta: recibir a quien estaba de paso.
Y aquella necesidad tuvo consecuencias mucho mayores. El movimiento de peregrinos necesitó caminos, puentes, hospitales, mercados, iglesias, poblaciones y lugares donde dormir y alimentarse. La documentación medieval permite seguir esa relación entre peregrinación, poblamiento y actividad económica a lo largo del corredor que continuaba hacia Pamplona y después hacia el oeste peninsular.
Por eso es difícil comprender el desarrollo histórico del Camino Francés sin comprender primero la red de acogida que permitió recorrerlo.
Roncesvalles no era simplemente una parada dentro de esa historia. Era uno de sus grandes puntos de referencia.

La Bendición del Peregrino: una tradición que todavía puedes vivir
Hay experiencias que puedes conocer leyendo y otras que merece la pena vivir. Una de ellas ocurre todavía hoy en Roncesvalles: la Bendición del Peregrino.
La costumbre de bendecir a quienes emprendían una peregrinación es incluso anterior a la fundación del hospital de Roncesvalles. Existen fórmulas documentadas desde el siglo XI y la tradición aparece también vinculada a la peregrinación compostelana medieval.
Su significado resulta especialmente poderoso cuando estás a punto de comenzar un Camino largo. En esas antiguas fórmulas aparecen ideas que siguen teniendo sentido siglos después: protección durante el camino, orientación en las encrucijadas, fuerza frente al cansancio, defensa ante los peligros, refugio durante el recorrido y luz en los momentos de oscuridad.
Piensa en eso cuando estés sentado dentro de Santa María de Roncesvalles. Durante siglos, miles de personas han llegado a estas montañas con incertidumbres que quizá no fueran tan diferentes de las que puede tener hoy cualquier peregrino antes de comenzar.
Cambian las mochilas, los caminos y nuestras razones para caminar, pero una pregunta probablemente sigue siendo la misma: ¿seré capaz de hacerlo?
Entra en la Colegiata sabiendo dónde estás
Después de comprender todo esto, Roncesvalles se mira de otra manera.
La actual iglesia de Santa María de Roncesvalles no es la iglesia de 1127. Fue construida a comienzos del siglo XIII bajo el impulso de Sancho VII el Fuerte y constituye uno de los grandes ejemplos de la llegada de la arquitectura gótica francesa a Navarra.
Pero cuando llegues allí no necesitas convertirte en historiador del arte para comprender lo que estás viendo.
Entra en Santa María y observa la imagen de la Virgen de Roncesvalles. Visita el claustro y la sala capitular donde está enterrado Sancho VII el Fuerte. Acércate a la Capilla del Espíritu Santo y a la iglesia de Santiago. Y si visitas el Museo-Tesoro podrás encontrarte con piezas como el llamado Ajedrez de Carlomagno, el Evangeliario de Roncesvalles o la Esmeralda de Miramamolín.
En 2027 habrá además una razón especial para detenerse. La propia Colegiata está preparando su IX Centenario, y algunas intervenciones patrimoniales recientes se están realizando expresamente con motivo de esta conmemoración.
No se trata solamente de pasar por Roncesvalles. Se trata de entender dónde estás.
Mucho antes de los peregrinos estuvieron Carlomagno y Roldán
Hay otra historia imposible de separar del nombre de Roncesvalles.
El 15 de agosto del año 778, la retaguardia del ejército de Carlomagno sufrió una emboscada cuando regresaba hacia el norte después de su expedición por la Península. Entre los muertos se encontraba Roldán.
A partir de aquel episodio histórico nació, siglos después, una de las grandes leyendas de la literatura medieval europea. La Chanson de Roland transformó los acontecimientos y convirtió aquella derrota en un enorme relato épico.
La tradición terminó mezclando historia y leyenda hasta hacer de Roncesvalles un nombre conocido mucho más allá de estas montañas. Antes de convertirse en uno de los grandes lugares de acogida del Camino, ya era un territorio de paso. Después se convirtió en refugio y terminó formando parte del imaginario europeo.

De Roncesvalles hacia Pamplona y Santiago
Roncesvalles nunca tuvo sentido como un lugar aislado. El peregrino llegaba hasta allí para continuar, y ese movimiento constante de personas ayuda a comprender buena parte de lo que fue ocurriendo después a lo largo del Camino Francés.
Desde los Pirineos, la ruta descendía hacia Pamplona y continuaba hacia el oeste. Durante siglos, el tránsito de peregrinos fue generando necesidades muy concretas: había que cruzar ríos, encontrar alimento, descansar, atender a los enfermos, reparar el calzado, comerciar y ofrecer lugares seguros donde pasar la noche. Alrededor de esas necesidades aparecieron o se desarrollaron puentes, hospitales, mercados, iglesias, monasterios, barrios y poblaciones.
Pamplona permite entender muy bien este fenómeno. La ciudad existía mucho antes del Camino de Santiago, pero la peregrinación contribuyó a transformar su desarrollo medieval. La llegada de población procedente de otros territorios europeos, especialmente los llamados francos, dedicados en buena medida al comercio y los oficios, estuvo relacionada con el crecimiento de nuevos burgos como San Cernin. El Camino acabó formando parte de la propia estructura urbana de la ciudad.
Y el fenómeno continuaba mientras el peregrino avanzaba. Puente la Reina, Estella, Logroño, Burgos, León, Astorga y muchas otras poblaciones fueron quedando conectadas por un corredor en el que no circulaban solamente personas que iban a Santiago. Por allí viajaban comerciantes, artesanos, religiosos, constructores, conocimientos, técnicas, lenguas, estilos artísticos e ideas.
No sería correcto decir que el Camino creó todas esas ciudades. Muchas existían mucho antes de las peregrinaciones. Lo verdaderamente interesante es comprender cómo el tránsito continuado de personas durante siglos contribuyó a su transformación y a conectarlas con otros territorios de Europa.
Por eso, cuando recorres el Camino Francés, no estás pasando simplemente de una etapa a otra. Estás caminando por una parte de la historia de Europa.

El Camino de largo recorrido permite entender esa historia caminando
Esta es una de las razones por las que el Camino de largo recorrido merece ser reivindicado.
No porque caminar más kilómetros convierta a nadie en mejor peregrino. Tampoco porque exista una distancia que haga un Camino más auténtico que otro. Cada persona tiene unas circunstancias, un tiempo disponible y una manera diferente de vivir esta experiencia.
La diferencia está en lo que el largo recorrido te permite observar.
Cuando sales de los Pirineos y continúas durante semanas hacia Santiago, tienes tiempo para ver cómo cambia el territorio. Desde Roncesvalles hasta Compostela atraviesas Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia. Cambian el paisaje, la arquitectura, la gastronomía, el clima, las ciudades y la forma en que cada territorio se relaciona con el Camino.
También empiezas a comprender por qué existe un puente precisamente en determinado lugar, por qué encontramos antiguos hospitales de peregrinos en determinados pueblos o por qué aparecen iglesias, monasterios y algunas de las grandes catedrales siguiendo un mismo corredor.
Entonces dejas de ver solamente monumentos y empiezas a comprender relaciones.
Durante siglos, las ciudades expresaron también su poder a través de sus murallas, iglesias, monasterios y catedrales. Obispos, monarcas, órdenes religiosas, nobles, comerciantes y comunidades urbanas financiaron obras que competían en dimensiones, belleza y prestigio. El peregrino de hoy puede caminar de una a otra y observar cómo fueron cambiando las formas de construir, comerciar, organizar las ciudades y recibir a quien llegaba desde fuera.
Esa es una de las grandes experiencias de recorrer el Camino Francés durante semanas: la historia deja de ser algo que lees y se convierte en algo que atraviesas caminando.
Roncesvalles es una de las puertas de esa historia
Existe una frase repetida durante décadas alrededor del Camino de Santiago: «Europa se hizo peregrinando a Compostela». Su atribución a Goethe no está documentada, pero la idea que intenta expresar ayuda a comprender la dimensión histórica de la peregrinación.
El Camino fue durante siglos un espacio de circulación y encuentro entre personas procedentes de diferentes territorios europeos. En 1987, el Consejo de Europa reconoció precisamente esa dimensión al declarar los Caminos de Santiago primer Itinerario Cultural Europeo.
Y dentro de esa historia, Roncesvalles ocupa un lugar extraordinario.
Por los pasos pirenaicos de este entorno llegaba una parte importantísima de los peregrinos procedentes de Europa. Allí encontraron una institución capaz de recibirlos y asistirlos antes de continuar hacia Pamplona y después hacia el oeste.
Por eso los 900 años de Roncesvalles no deberían contemplarse solamente como el aniversario de una institución histórica. Son una oportunidad para comprender cómo la peregrinación fue dejando huellas en el territorio y cómo muchas de esas huellas siguen delante de nosotros cuando hacemos hoy el Camino Francés.
Roncesvalles no es solamente un lugar por el que pasas. Es uno de esos lugares que te permiten comprender por qué existe el Camino que estás recorriendo.
900 años después, la hospitalidad también depende de nosotros
Roncesvalles nació y creció alrededor de una necesidad profundamente humana: recibir a quien llegaba caminando.
Quizá ese sea uno de los mensajes más bonitos que podemos recuperar en su IX Centenario. La hospitalidad del Camino no pertenece únicamente a los hospitaleros, a los alojamientos o a las instituciones. También pertenece a quienes caminamos.
No necesitamos abrir un hospital medieval para continuar esa historia. Podemos orientar a quien se ha perdido, compartir información útil, respetar el ritmo de otro peregrino, esperar cuando alguien necesita ayuda, acompañar sin invadir o simplemente tratar con consideración a las personas y a los lugares que nos reciben.
Cada peregrino puede convertirse también en un embajador de la hospitalidad en el Camino. Y quizá ese sea uno de los mejores homenajes que podemos hacerle a Roncesvalles 900 años después: comprender por qué nació y llevar una pequeña parte de aquella acogida con nosotros cuando salgamos a caminar.
Roncesvalles 2027: una invitación al Camino de largo recorrido
En 2027 coincidirán dos acontecimientos extraordinarios. Roncesvalles conmemorará 900 años desde aquel proceso fundacional iniciado en 1127 y Santiago de Compostela celebrará un nuevo Año Santo Compostelano.
Entre ambos lugares hay cientos de kilómetros, cuatro comunidades autónomas y una historia que lleva siglos construyéndose alrededor del Camino Francés.
Por eso creemos que 2027 ofrece una oportunidad especialmente bonita para volver a mirar el Camino de largo recorrido.
No estamos diciendo que todos deban salir desde Roncesvalles ni que caminar cientos de kilómetros sea la única manera de vivir el Camino. Cada persona es diferente y su Camino también debería serlo.
Pero si tienes el tiempo, las condiciones y las ganas de prepararte para hacerlo, recorrer un Camino largo puede permitirte experimentar algo extraordinario: dejar de estudiar esta historia desde fuera y empezar a comprenderla mientras avanzas por ella.
Puedes salir de Roncesvalles sabiendo por qué hace nueve siglos alguien decidió que aquel peregrino necesitaba ser recibido. Puedes atravesar Pamplona entendiendo cómo el Camino influyó en su desarrollo medieval. Puedes continuar hacia La Rioja y Castilla y León observando cómo ciudades, monasterios, hospitales, iglesias y catedrales fueron formando parte de aquel gran corredor. Y finalmente puedes entrar en Galicia y continuar hasta Santiago entendiendo que durante semanas has seguido las huellas de personas que hicieron ese mismo viaje durante siglos.
Entonces los kilómetros adquieren otro significado. Ya no se trata solamente de cuánto caminaste, sino de todo lo que tuviste tiempo de comprender mientras caminabas.

Una experiencia que merece ser vivida
Hemos tenido la oportunidad de vivir Roncesvalles en diferentes momentos y estaciones del año, de participar en la Bendición del Peregrino, conocer la Colegiata por dentro y regresar a un lugar que nunca se siente exactamente igual. Y quizá por eso, después de conocer su historia, entendemos todavía mejor que Roncesvalles no es simplemente un punto desde el que comenzar una etapa: es un lugar que merece ser vivido.
Entre nosotros incluso existe una pequeña broma. Leo suele llamar al albergue de peregrinos de Roncesvalles «el Hilton del Camino». No por sus lujos, sino por algo mucho más importante: por su capacidad, su organización y, sobre todo, por la manera de recibir al peregrino. Roncesvalles demuestra que se puede atender a muchísimas personas sin perder esa sensación de que alguien estaba esperando tu llegada.
Y detrás de esa capacidad de acogida hay también una continuidad humana que merece ser reconocida. Marisol Goicoa lleva más de 24 años recibiendo peregrinos en Roncesvalles y ha atendido a más de un millón de personas procedentes de 174 países. Son cifras difíciles de imaginar, pero ayudan a comprender que la hospitalidad de Roncesvalles no pertenece solamente a los documentos medievales: sigue ocurriendo todos los días.
Nosotros hemos tenido la suerte de conocer a Marisol durante estos años y sabemos que detrás de esos números hay algo mucho más sencillo: estar allí para el peregrino. Por eso, en un artículo dedicado a los 900 años de Roncesvalles, nos parecía justo detenernos unas líneas para reconocer su trabajo y, a través de ella, el de todas las personas que han mantenido viva esa acogida generación tras generación.
Lo que Santiago podría aprender de Roncesvalles
Lo que le falta a Santiago de Compostela, a Roncesvalles le sobra: acogida.
No hablamos de alojamiento ni de capacidad turística. Hablamos de recibir al peregrino y hacerle sentir que su llegada importa. Roncesvalles lleva siglos haciéndolo y ha conseguido mantener esa idea incluso cuando son muchas las personas que llegan al mismo tiempo.
La historia, además, nos deja una conexión extraordinaria. Cuando los Reyes Católicos visitaron Santiago en 1486 y comprobaron las carencias existentes en la atención a peregrinos y enfermos, decidieron impulsar la creación del Hospital Real, el edificio que hoy conocemos como Hostal dos Reis Católicos.
Para entonces, Roncesvalles llevaba más de 350 años acogiendo peregrinos al otro lado del Camino. La institución iniciada en 1127 había demostrado durante generaciones que recibir al peregrino también formaba parte de la peregrinación.
Más de cinco siglos después de aquella decisión de los Reyes Católicos, y cuando Roncesvalles está a punto de cumplir 900 años, quizá merezca la pena volver a mirar hacia los Pirineos.
En 2027 Santiago celebrará un nuevo Año Santo Compostelano y recibirá a cientos de miles de peregrinos. Si algo pudiéramos pedir en un año tan especial sería que la acogida tuviera también el protagonismo que merece. Que las instituciones miraran lo que representa Roncesvalles y se preguntaran qué podemos aprender de un lugar que nació precisamente para recibir al peregrino.
Porque el Camino no debería terminar únicamente cuando alguien recoge su Compostela y sale a una plaza llena de gente. Después de cientos de kilómetros, hay algo que sigue siendo tan necesario como hace nueve siglos: sentir que alguien te recibe al llegar.
Los Reyes Católicos lo entendieron en Santiago hace más de cinco siglos. Roncesvalles ya llevaba más de tres siglos haciéndolo.
Y 900 años después, todavía tenemos mucho que aprender de Roncesvalles.

Roncesvalles, ¿te animas?
Después de conocer su historia, quizá 2027 sea un buen momento para animarte a vivir la experiencia de un Camino de largo recorrido y descubrir Roncesvalles formando parte de él.
No importa dónde decidas comenzar. Puede ser en Saint-Jean-Pied-de-Port, en el propio Roncesvalles o mucho antes. Puedes llegar siguiendo los caminos que vienen desde París o desde Le Puy. Lo importante es que, si tienes el tiempo y las condiciones para hacerlo, te permitas vivir la experiencia de caminar durante semanas hacia Santiago y comprender el Camino mientras lo recorres.
Nosotros conocemos esa experiencia porque la hemos vivido en diferentes momentos y estaciones del año, y durante diez años hemos ayudado a otros peregrinos a planificar la suya. No para decirles cuál debe ser su Camino, sino para ayudarles a construirlo con información, experiencia y criterio.
Y si ahora mismo tienes más preguntas que respuestas, que no sea por falta de información que dejes de vivirlo.
Todo puede comenzar con una Videollamada DUDAS®. Nos cuentas qué tienes en mente, ponemos en orden tus dudas y empezamos a darle forma a ese Camino que quieres vivir.


